por Melanie Mears
Document Date: June 25, 2026
Cuando trabajaba como asistente judicial en un tribunal, hubo un caso en el que todos asumieron que un acusado entendía lo suficiente de inglés como para continuar sin intérprete. Rápidamente quedó claro que no entendía del todo lo que se decía, y la audiencia se aplazó de inmediato hasta que pudiera estar presente un intérprete. El tribunal reconoció algo que a menudo pasamos por alto en otros ámbitos: estar presente no es lo mismo que entender.
La lección de ese caso va más allá de la sala de audiencias. El voto —uno de los derechos más fundamentales que nos garantiza la Constitución— también requiere comprensión. Para muchos votantes que hablan español en Kansas, eso significa tener acceso a los materiales electorales en el idioma que mejor comprenden. Las boletas electorales pueden resultar confusas incluso cuando el inglés es la lengua materna del votante, ya que a menudo contienen terminología jurídica, lenguaje técnico y preguntas complejas sobre políticas públicas. El voto tiene como objetivo brindar a las personas una voz significativa en su gobierno. Sin embargo, el simple hecho de presentarse a las casillas electorales no significa que esa voz se esté ejerciendo plenamente si el votante no entiende lo que está escrito o las decisiones que se le piden que tome.
Para mí, eso es en lo que se resume esta conversación sobre el acceso lingüístico. ¿Qué significa realmente “acceso”? ¿Es simplemente el derecho a participar? ¿La oportunidad de involucrarse? ¿La capacidad de ingresar a un espacio y estar presente? Así es como solemos pensar en el acceso. Pero cuando están en juego los derechos fundamentales, presentarse es solo el primer paso. Sin comprensión, lo que parece acceso es en realidad solo una ilusión. El acceso real significa poder entender plenamente lo que se dice o se escribe —no una aproximación, no un resumen, sino el significado real. Cualquier cosa menos que eso no es acceso.
Para muchos votantes que hablan español, las consecuencias de esa distinción son reales. Cuando los materiales electorales no están disponibles en un idioma que comprendan plenamente, los votantes a menudo se ven obligados a adivinar qué significa una propuesta electoral, a confiar en la interpretación de otra persona o a abstenerse por completo de votar. Ningún votante debería tener que elegir entre adivinar o quedarse en casa. Eso no es acceso significativo. Es una barrera para participar plenamente en nuestra democracia.
Lo que llama la atención es que ya entendemos este principio en nuestros tribunales. No esperamos que las personas adivinen qué significa una orden judicial. No esperamos que dependan de un niño, un amigo o un familiar para que les expliquen los procedimientos legales. Y no seguimos adelante cuando queda claro que alguien no puede entender completamente el idioma que se habla. Cuando están en juego derechos importantes, reconocemos que la comprensión es fundamental. Votar no debería ser diferente.
Adivinar no es acceso. Una comprensión parcial o superficial del inglés no es acceso. Una interpretación parafraseada de la boleta electoral no es acceso. Abstenerse de votar en una elección porque el proceso parece inaccesible no es acceso.
Y un derecho no puede ejercerse plenamente si no se comprende plenamente.
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